La maternidad suele presentarse como una de las experiencias más importantes de la vida de una mujer.
Pero también como una experiencia llena de expectativas.
Cómo debería ser una buena madre.
Cuánto debería disfrutar.
Cuánto debería sacrificarse.
Cómo debería criar.
Cuándo debería tener hijos.
Cuántos debería tener.
Cómo debería recuperar su cuerpo.
Cómo debería organizar su trabajo.
Y hasta qué debería sentir.
En una época en la que hablamos constantemente de libertad y elección, la maternidad continúa estando atravesada por una enorme cantidad de mandatos sociales y culturales.
Y muchas veces, esas expectativas terminan convirtiéndose en una exigencia interna.
¿Cómo debería ser una buena madre?
Durante generaciones existió una idea bastante definida de lo que significaba ser una “buena madre”.
Una madre presente, sacrificada, paciente, amorosa, disponible y dedicada principalmente a sus hijos.
Con el tiempo, algunos de estos modelos cambiaron. Sin embargo, muchas exigencias simplemente se transformaron.
Hoy se espera que una madre esté presente, pero también que trabaje.
Que cuide a sus hijos, pero que conserve su independencia.
Que disfrute de la maternidad, pero que mantenga una vida propia.
Que cuide su cuerpo, pero que no se obsesione con él.
Que sea una madre informada, que conozca sobre crianza respetuosa, alimentación, sueño, educación y desarrollo infantil.
Que encuentre tiempo para sus hijos, para su pareja, para sus amigos, para su trabajo y para ella misma.
Y, de alguna manera, que pueda hacerlo todo bien.
La maternidad también está atravesada por la época en la que vivimos
Las formas de vivir la maternidad no son iguales en todas las sociedades.
Cada cultura construye diferentes ideas sobre la familia, el rol de las madres, la crianza, el trabajo y la autonomía.
Incluso dentro de una misma sociedad, esas ideas cambian con las generaciones.
La maternidad de nuestras abuelas probablemente fue muy diferente de la maternidad que hoy imaginan o viven sus hijas.
Antes podían existir expectativas más relacionadas con el sacrificio y la dedicación exclusiva al hogar.
Hoy, en cambio, muchas mujeres reciben un mensaje aparentemente contradictorio:
“Sé una madre presente, pero no dejes de ser vos misma.”
El problema es que pocas veces se explica cómo hacer todo eso sin agotarse.
La culpa materna
Pocas emociones están tan asociadas a la maternidad como la culpa.
Culpa por trabajar.
Culpa por no trabajar.
Culpa por dejar al hijo al cuidado de otra persona.
Culpa por necesitar tiempo a solas.
Culpa por no disfrutar cada momento.
Culpa por perder la paciencia.
Culpa por querer recuperar espacios de la vida anterior.
Incluso puede aparecer culpa por sentir emociones que no coinciden con la imagen idealizada de la maternidad.
Porque una madre puede amar profundamente a sus hijos y, al mismo tiempo, sentirse agotada.
Puede sentirse feliz y, al mismo tiempo, extrañar su vida anterior.
Puede disfrutar de la maternidad y necesitar estar sola.
Las emociones contradictorias no hacen a una persona una peor madre. La hacen humana.
Las redes sociales y la maternidad perfecta
Las redes sociales también transformaron la manera en que observamos la maternidad.
Podemos encontrar constantemente familias felices, habitaciones perfectas, actividades educativas, comidas saludables, rutinas organizadas y madres que parecen tener respuestas para todo.
Pero detrás de cada imagen existe una realidad que no vemos.
No vemos el cansancio.
No vemos las dudas.
No vemos las discusiones.
No vemos los momentos de frustración.
No vemos todo aquello que quedó fuera de la fotografía.
Y nuevamente aparece la comparación:
“¿Por qué yo no puedo hacerlo así?”
El problema no es solamente compararnos con otras madres.
También podemos terminar comparándonos con una versión idealizada de nosotras mismas.
La madre que imaginábamos que íbamos a ser.
¿Y si no existe una única manera correcta de ser madre?
Quizás una de las preguntas más importantes sea esta:
¿Cuánto de lo que creemos que una madre debería hacer responde realmente a nuestras necesidades y a las de nuestros hijos, y cuánto responde a las expectativas de los demás?
No existe una única forma de vivir la maternidad.
Hay madres que necesitan trabajar.
Madres que desean dedicarse principalmente a la crianza.
Madres que disfrutan de ambas cosas.
Madres que tienen pareja y madres que crían solas.
Madres que quieren tener un hijo y madres que quieren tener varios.
Madres que siempre soñaron con serlo y mujeres que nunca sintieron ese deseo.
Todas estas experiencias pueden ser diferentes.
Y reconocer esa diversidad también implica dejar de convertir una única forma de maternidad en el modelo que todas deberían alcanzar.
El deseo de ser madre también merece ser preguntado
Existe una idea muy instalada de que toda mujer, en algún momento, debería querer ser madre.
Pero la maternidad no debería ser simplemente el resultado de cumplir con una expectativa social.
Preguntarnos “¿quiero ser madre?” también es una pregunta legítima.
Y quizás debería poder responderse con libertad, sin que un “sí” sea considerado lo esperable ni un “no” necesite ser constantemente explicado.
Porque elegir la maternidad también significa que debería existir la posibilidad de no elegirla.
Maternidad, identidad y pérdida
Convertirse en madre también puede implicar una transformación profunda de la identidad.
No solamente aparece una nueva responsabilidad.
También pueden cambiar los tiempos, las prioridades, el cuerpo, la relación de pareja, el trabajo, los vínculos sociales y la manera en que una mujer se percibe a sí misma.
A veces existe una expectativa de que todo ese cambio debería vivirse con felicidad.
Pero las transformaciones importantes también pueden traer duelo.
Es posible amar profundamente a un hijo y, al mismo tiempo, sentir que algunas partes de la vida anterior se perdieron.
Poder hablar de eso sin culpa también es salud mental.
Tal vez la pregunta no sea cómo ser una buena madre
Durante mucho tiempo, la pregunta fue:
“¿Qué tengo que hacer para ser una buena madre?”
Quizás hoy podamos empezar a hacernos otra:
“¿Qué tipo de madre quiero ser, dentro de la realidad que tengo?”
Una pregunta mucho más humana.
Porque no se trata de alcanzar una maternidad perfecta.
Se trata de construir una maternidad posible, consciente y suficientemente buena, que contemple también las necesidades de quien materna.
La maternidad no debería exigir que una mujer desaparezca detrás del rol de madre.
Cuidar a un hijo también implica recordar que quien cuida necesita ser cuidada.
La presión de vivir como creemos que deberíamos vivir
Este artículo forma parte de la serie de Ayres “La presión de vivir como creemos que deberíamos vivir”, en la que exploramos cómo las expectativas sociales pueden atravesar nuestra salud mental, nuestros vínculos, nuestra familia y nuestra relación con el éxito.
Porque a veces el problema no está solamente en no alcanzar aquello que queremos.
También puede estar en no preguntarnos nunca si eso que estamos intentando alcanzar realmente lo elegimos nosotros.
Ayres es una red de profesionales de la salud mental que acompaña a personas de Argentina, Uruguay, España y otros países hispanohablantes, ofreciendo espacios de atención psicológica adaptados a las necesidades de cada persona.